
EL JARDÍN
Nieva.
Bajo los copos la puerta
Abre por fin al jardín
De más que el mundo
Avanzo. Pero se engancha
Mi bufanda al hierro
Oxidado, y se desgarra
En mí la tela del sueño.
VIRGEN DE LA MISERICORDIA
Todo, ahora,
Al abrigo
Bajo tu manto leve
Solo de bruma y bordados
Señora de la misericordia de la nieve
Contra tu cuerpo
Duermen, desnudos,
Los seres y las cosas, y tus dedos
Velan con su claridad esos parpados cerrados
UN POCO DE AGUA
A este copo
Que se posa en mi mano, deseo
Asegurarle lo eterno
Haciendo de mi vida, de mi calor,
De mi pasado, de estos días de ahora,
Un instante simplemente, un instante,
Pero ya no es más
Que un poco de agua, que se pierde
En la bruma de los cuerpos que andan en la nieve.
Nieva.
Bajo los copos la puerta
Abre por fin al jardín
De más que el mundo
Avanzo. Pero se engancha
Mi bufanda al hierro
Oxidado, y se desgarra
En mí la tela del sueño.
VIRGEN DE LA MISERICORDIA
Todo, ahora,
Al abrigo
Bajo tu manto leve
Solo de bruma y bordados
Señora de la misericordia de la nieve
Contra tu cuerpo
Duermen, desnudos,
Los seres y las cosas, y tus dedos
Velan con su claridad esos parpados cerrados
UN POCO DE AGUA
A este copo
Que se posa en mi mano, deseo
Asegurarle lo eterno
Haciendo de mi vida, de mi calor,
De mi pasado, de estos días de ahora,
Un instante simplemente, un instante,
Pero ya no es más
Que un poco de agua, que se pierde
En la bruma de los cuerpos que andan en la nieve.
YVES BONNEFOY
(Comienzo y fin de la nieve)
PALABRAS DE ALEJANDRA PIZARNIK SOBRE EL AUTOR
«Poesía fundada sobre lo irremediable, la muerte y el silencio. Leerla es encontrar la verdadera voz callada de las cosas, del mundo del afuera y del adentro es descubrir que el silencio no es la interrupción de voz, sino una zona iluminada donde el lenguaje dice sin decir, envuelve a las cosas como a un guante haciendo a su mudez, a su inmovilidad. Ni voz ni pausa entonces sino figuras silenciosas, imágenes dibujadas por una voz inaudible.» (A. Pizarnik)
«La poesía no debe describir simplemente la ausencia debe ejecutar un acto ——el único valedero— desprender la presencia, hacer de lo irremediable y el límite nuestra verdadera reencarnación. Creo que la poesía es capaz o casi capaz de revelarnos el ser. Pero esto es lo contrario de una poesía de la plenitud, que es solo una mentira, a causa del abismo en lo que existe» (Yves Bonnefoy)
I
Y ahora tú eres Douve en la última alcoba del verano.
Una salamandra huye por la pared. Su suave cabeza de hombre
expande la muerte del verano. "Quiero hundirme en ti, vida
estrecha", exclama Douve. "Relámpago vacío, recorre mis labios,
penétrame."
"Me gusta cegarme, entregarme a la tierra. No quiero saber nunca
más qué dientes fríos me poseen."
II
Toda una noche te soñé transformada en madera, Douve, para
mejor ofrecerte a la llama. Y estatua verde revestida de corteza,
para mejor gozar de tu cabeza luminosa.
Sintiendo bajo mis dedos la disputa de la lumbre y los labios:
vi que me sonreías. Pero me cegaba esa gran luz de las brasas en ti.
III
"Mírame, mírame he corrido!"
Estoy junto a ti, Douve, y te ilumino. Ya no hay entre nosotros
más que esta lámpara de piedra, ese poco de sombra apaciguada,
nuestras manos que la sombra espera. Salamandra sorprendida,
permaneces inmóvil.
Habiendo vivido el instante en que la carne más próxima se
transforma en conocimiento.
IV
Así permanecimos despiertos en lo más alto de la noche del ser.
Un arbusto se quebró.
Ruptura secreta, ¿con qué pájaro de sangre circulabas por
nuestras tinieblas?
¿A qué habitación venías en la que se agravaba el horror del
alba en los cristales?
YVES BONNEFOY
«La poesía no debe describir simplemente la ausencia debe ejecutar un acto ——el único valedero— desprender la presencia, hacer de lo irremediable y el límite nuestra verdadera reencarnación. Creo que la poesía es capaz o casi capaz de revelarnos el ser. Pero esto es lo contrario de una poesía de la plenitud, que es solo una mentira, a causa del abismo en lo que existe» (Yves Bonnefoy)
I
Y ahora tú eres Douve en la última alcoba del verano.
Una salamandra huye por la pared. Su suave cabeza de hombre
expande la muerte del verano. "Quiero hundirme en ti, vida
estrecha", exclama Douve. "Relámpago vacío, recorre mis labios,
penétrame."
"Me gusta cegarme, entregarme a la tierra. No quiero saber nunca
más qué dientes fríos me poseen."
II
Toda una noche te soñé transformada en madera, Douve, para
mejor ofrecerte a la llama. Y estatua verde revestida de corteza,
para mejor gozar de tu cabeza luminosa.
Sintiendo bajo mis dedos la disputa de la lumbre y los labios:
vi que me sonreías. Pero me cegaba esa gran luz de las brasas en ti.
III
"Mírame, mírame he corrido!"
Estoy junto a ti, Douve, y te ilumino. Ya no hay entre nosotros
más que esta lámpara de piedra, ese poco de sombra apaciguada,
nuestras manos que la sombra espera. Salamandra sorprendida,
permaneces inmóvil.
Habiendo vivido el instante en que la carne más próxima se
transforma en conocimiento.
IV
Así permanecimos despiertos en lo más alto de la noche del ser.
Un arbusto se quebró.
Ruptura secreta, ¿con qué pájaro de sangre circulabas por
nuestras tinieblas?
¿A qué habitación venías en la que se agravaba el horror del
alba en los cristales?
YVES BONNEFOY
(Del movimiento y la inmovilidad de douve)




los poemas





3 compartimentos:
"La poesía debe(...) hacer de lo irremediable y el límite nuestra verdadera reencarnación"
¿Puede pensarse un propósito más alto para la poesía?
Bonnefoy escribe cuando el aliento se detiene, en el límite de cada palabra...
Gracias, Javier, por acercarnos estos textos.
Liliana.
gracias a vos liliana por interesarte en este material que está alcanzado con mucho amor. tanto las palabras de pizarnik (nunca reeditadas)como ese vuelo post simbolista de este estupendo poeta francés.
Siempre ese aleteo en el borde como esas imágenes de mundos en otros ojos,los mundos que jamás veremos y que son nuestros.
Lo perdido en el minuto que dejamos atrás y una estela sinuosa
en algún lugar que nos excede, como el silencio.
Gracias a vos Javier por la posibilidad de conectarnos a estas palabras, por Bonnefoy y por Pizarnik, por sus anhelos de silencio.
Lilián
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